Veneno


Permítanme presentarme, de nuevo,
la pequeña huracán vuelve a las letras después de más de lo que pueda recordar.
Permítanme decirles que ustedes no conocen el amor.
Al menos no el mío.
Ustedes no saben lo que es amanecer con SU cuerpo enredado al mío.

Antes temía al vacío.
Antes temía a la oscuridad y el caos que en ella se encuentra desde que no te miro y sonrío.

Antes creía en el amor.

También escribía.

Ahora apenas respiro.

Hace tiempo intenté dejar de torturarme.

Será que me acostumbré al frío.

Creí en mí tanto que sólo era yo.

Se me olvidó que en otro bando andaba eso que ya no me late,
que le prohibió a la mente tratar de descifrarme.


¿Por dónde iba...?
La limerencia es una de las peores enfermedades que me puedo recordar.
Y creo que nació conmigo.

A veces siento que es ese caos lo que ansío,
otras que ya no me fío,
que estoy cansada de sentir que no soy cuando he querido ser contigo.
Que ni si quiera eres capaz de comprender esto que digo.

Y cuando te sientes tan pequeña,
tan no querida,
es como si no existiera un castigo
peor que sentir contigo.

Y a veces me rompe verme caerme,
y verme rota no poder levantarme,
y me rompe aun más ver como estoy rota,
y entonces me consumo.

Me dice loca.

Suelto humo y más humo hasta que todo deja de tener sentido,
en ésto nada lo tiene,
creanme, conozco bien el cuento que digo.

Me siento presa y esclava del destino,
siempre creí en él como fiel ami-enemigo,
o el verdadero Dios que rige el mundo de mierda en el que nacimos.

Me creo adicta a placer y el daño que no da un extraño,
y me pregunto cuando dejaré de hacerme el harakiri a diario.

¿Saben cuando ya no hay paz dentro de uno?
Cuando le alteran el alma y se siente podrido.

Puedo ver como se ha ido,
y ver como ni mis pedazos he recogido.

Prefiero construirme de nuevo a vivir del recuerdo
de algo que ni siquiera ha ocurrido.

Ya no quiero verle más,
aunque todo mi yo supure pena.
Y ya no creo en vos, mi fiel enemigo.

Diablo mío querido...
Nunca sabrás lo que pude haber sido contigo.
Algún día caerás en lo que has perdido,
y no lo digo yo,
lo veo cuando te miro.
Cuando me dices que no pero vuelves al nido.

Algún día llegarás a entender lo que he construido,
todos esos días en los que no has hablado conmigo.

Y conocerás la causa cuando todo de su fruto.
Entonces estaré lejos,
seré aun más libre cuando deje de ser presa de ese veneno tuyo.








En una realidad que insta al auto-conocimiento básico, tomar consciencia de nosotros mismos resulta aun más complejo si nos condicionamos por agentes externos. Estuve equivocada tanto tiempo que aun dudo de mis propios pensamientos.
La consideración sobre la percepción de uno mismo proviniendo de una fuente externa se convierte en innecesaria cuando no supone un medio para facilitar la necesidad de superarnos.
Los propios valores deben ser el pilar en los momentos de flaqueza, cuando todo tiembla y se desvanece a nuestro alrededor.

Conozco mis fallos y mis virtudes. ¿Conoces los tuyos?

Subordinada a la necesidad de entregar todo lo que tengo por recibir aquello de lo que carezco, miro al espejo para descubrirme sola en mi reflejo. Sin la mayor parte de todo lo que tenía cuando empezó la partida, me observo cansada tras tanta batalla perdida, luchada fieramente con una bandera blanca atada al cuello que suplicaba clemencia.
Mas ante eso, compañero, transmutaste en rival o enemigo, transformando los orígenes del juego, y convirtiendo aquello entregado en armas de doble filo que se vuelven contra mí misma.
Convirtiéndome a la vez en mi propio enemigo.

Es entonces cuando los intereses cambian, dejando a un lado las guerras impuestas, por aquellas a librar contra una, tras descubrir que cualquier esfuerzo por establecer un estado de paz es vano. Me dedico a edificar monumentos conmemorativos a la entereza, la paciencia, la desesperación, el cariño, o la preocupación. 

¿Tú no has pensado en ésto?
Supongo que quizá sea porque tu propia guerra es mayor que cualquiera de las que luchabas contra  mí.
Que era esto lo que te impedía ver lo bueno de las intenciones de un corazón abierto.
Que por eso me tachaste de rival al que noquear sin pensar siquiera que dos personas son capaces de más que una sola.
Y que mi pretensión no fue otra que envenenar los demonios que turbaran tus noches después de velarme.
No me va eso de adular, nunca fue cosa mía, más bien soy de destacar las cosas negativas, como bien sabe quien me conoce bien.
Desde la perspectiva de expresar un punto de vista diferente sobre el cual poder trabajar.

Creo que dentro de tí hay un mundo grande, un mundo que tu no quieres explorar.
Que resulta más fácil cegar los pensamientos que enfrentarte a ellos desnudo y has optado por la vía fácil.
La de la negación.
Pero creo que negarte no servirá para hacerte grande, en su defecto te empequeñece.




He dejado la puerta abierta,
al salir.

Tan poquito, que si no te fijas bien,
jamás podrás darte cuenta.

Entreabierta como mis piernas,
que siguen con resaca de ti.

 Cómo mi garganta,
ronca de vomitar por los rincones,
todos aquellos gemidos que no provocas.

Este invierno quiere la revancha,
Dejé la chusta en la ventana,
las últimas caladas saben mejor por la mañana.

Y empiezo a lamerme las heridas que causó
tu orgullo en mi hipotálamo,
Invitandome a la reflexión,
sobre el miedo o sobre el daño.

Hablandome de mí en noches largas,
duermo más que vivo,
si así mi mente calma la sed,
que no me quitan tus labios.


A


Buenas noches desde las distintas fases de la luna.
Sandy y Sandra se encuentran a la deriva.
¿Saben reconocer a la real?

¿Existe acaso?

Yo simplemente soy una mujer,
una mujer dividida por un montón de problemas,
con un corazón,
un corazón maldito que suplica redención al diablo,
al cual vendió su alma por amor.

Esa eterna deuda siempre contraataca de nuevo.

Amor por hacerle el amor cada noche y cada amanecer,
no lo niego.
Amor por sentirme estúpida y pequeña entre sus brazos.

Sí, señorxs, esa es la diferencia entre ustedes y yo.
Yo AMO.

Amo cada minuto, cada segundo, cada detalle,
cada mirada, cada palabra, cada gemido.

Amo ser pasión y vivir la vida con alma,
prendiéndole fuego a mi paso.

Amo la locura congénita que me trastorna.
Amo mi pasado y amo mi presente.

Pese a todo lo malo, pese a todas las lágrimas.

Pese a cada calada que suma una más, que nunca menos.

Pese a ser simplemente una niña perdida,
que cree que en algún corazón estará su hogar.

Pese a nunca ser lo suficientemente buena,
pero siempre ser mejor.

O al menos lucharlo.

Ustedes, señorxs, nunca sabrán quien soy.

Sólo puedo decirles que soy alma,
soy caricias, soy calor, soy dolor, soy rabia, soy miedo.

Soy pasión y asesina,
soy madre y soy hermana.
Soy hija y compañera.

Yo simplemente soy una mujer,
una mujer dividida por un montón de problemas,
con un corazón,
un corazón maldito que suplica redención al diablo,
al cual vendió su alma por amor.

Qué curioso, la de palabras bonitas que empiezan por A...

Silencios

Conozco silencios que congelan primaveras,
silencios que duran 20 años.
Silencios que hacen daño y me convierten en poeta.
Silencios que apagan las farolas 
que van desde mi barrio hasta tu casa.
Silencios que saben a soledad con hielo.

Conozco silencios que hacen temblar al más valiente,
silencios que dan hambre y miedo.
Y grito entre dientes, sin voz y ahogada, por una palabra,
si la noche eterna me persigue y tú no vas de la mano con ella.

Si tus silencios aumentan las dimensiones de mi cama 
y huelen a humedad y a muerte,
 muero en los segundos de eterna espera.
De tus labios que arden sellados y queman desde la distancia 
cada milímetro de piel donde una vez fueron posados.

Echo de menos escribir, a veces.
Escribir como quien respira.
Como quien camina por un largo paraje sin fin sin saber siquiera que no lo tiene.
Como quien cree en las oportunidades.
Como quien tiene un Dios y confía a él su alma.
Como quien ama y es correspondido.
Como quien confía en que la mañana le devolverá la fe.
Como quien nunca tiene frío.

Echo de menos creer,
creer con la certeza del ciego,
echo de menos tener miedo.
Echo de menos pensar en el infinito,
los cantos de sirenas al oído.
Echo de menos soñar,
soñar contigo.

Soñar que respiro y que camino,
por un largo paraje y no saber que tiene fin.
Echo de menos la fe,
creer que existan oportunidades conmigo.

Echo de menos bailar,
mientras luces me ciegan y la sala está vacia.
Desnuda, con los ojos cerrados.

¿Estarás sentado, observando y creyendo que es para tí?

Perdóname si hace eones que perdí la fe y ya no dudo,
al menos no tanto.
Perdóname si me levanto de la cama y no vuelvo a mirar atrás.
Perdóname si antes te doy mi paz, mi gloria, truenos huracanes y caladas.
Perdóname si lloro, grito o miento y digo que no siento.
Perdóname si peco y te corono, 
si te miro y suspiro, si me sonrojo.
Perdóname por caer, por creerte.
Por ser otra victima.

Por no ser lo que decían. 
Por serlo y aprender cada día.

Perdóname si me confío, si soy humana y me equivoco contigo.
Y no te equivoques, pues el perdóname va para conmigo.
Me pido perdón por el dolor,
por ser mi manta si no estás ahí para darme abrigo.
Perdón por haber crecido.

Echo de menos escribir,
y por eso escribo.

Here I go again.

Otro día se escapa, y me encuentro cansada, 
pero con la extrema necesidad de dividirme entre letras, 
pues hace mucho que la vida no me permite sentarme a vomitar.

La verdad, y siendo honesta, 
hoy no soy triste,
 tampoco lo fui ayer,
 ni lo seré mañana.

Llevo tiempo sin ser triste, y eso me gusta,
por lo menos, ya no tanto.

Lentamente vemos crecer pilares de entre las cenizas dentro de nuestros cuerpos cansados que transforman las sombras del pasado en románticos cuentos chinescos, y es realmente placentero sentir calmarse el mar que llevo dentro, con sus catástrofes, idas, venidas y mareos, aunque sólo sea un poco.


Me gusta mirar atrás en días como éste para comprobar que sigo estando en desacuerdo con el reflejo del espejo, y con todo y eso, me satisface devolverme la mirada, pues cada vez me cuesta menos hacerlo sin titubear.
 Si, citando a Oscar Wilde, cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno, yo pretendo arder con fuerza, prendiendo lo primero las dudas y miedos, 
dejándo atrás los pesos que yo misma coloco en mis tobillos.
Si bien el caos es mi aliado inseparable, y no pretendo renegar del mismo.
Si mi mente es el propio diablo sobre mi hombro que distrae a mi conciencia y me lesiona fuertemente haciéndome caer de boca al suelo.
Si bien me hace pequeña y vulnerable, sin quererlo o controlarlo, 
también, y lentamente, cada vez me hace más fuerte.

Siento un extraño conflicto en mi interior que se debate constantemente, entre el sí y el no, arriba o abajo, alegría o tristeza, entereza o debilidad, correcto o incorrecto...
 y no cesa, y no cesa, nunca cesa.

Hace que exista una vibración dentro de mi estómago que ya no sé como calmar,
pues he intentado, he errado, he tomado, he salido, he llorado, he gritado, he amado, he pecado, y me he presentado las condolencias demasiadas veces antes de resucitarme y construirme de nuevo.

Tiendo a preguntarme si llegará el momento en el que yo misma sea suficiente para sanarme,
si llegará el momento en el que deje de torturarme. 
Si en algún momento la línea dejará de balancearse de arriba a abajo, para mantenerse estática, el tiempo suficiente como para sentirme en paz.
Hoy me apetece acurrucarme y lamerme las heridas que yo misma me he causado.

24


Llueve, 
y ni siquiera lo escucho,
la música me envuelve.

Estoy mojada,
como mis calles,
la humedad me envuelve y ...
me estoy volviendo loca.

Estoy nostálgica,
y me envuelve.
Me siento ebria de sensaciones y carencias,
de ganas de comerme el mundo por los pies.

Me apetece beberme las ganas y caer redonda inconsciente,
dejarme fluir entre acordes y mis propios jadeos,
intentando tomar respiros en este calor infernal que me abruma.

También llueve dentro de mi habitación, 
cada gota sabe a vino amargo deslizandose por mi garganta,
endulzando los segundos de mi paz, 
dentro del caos.

Me siento plena e incompleta,
como un vaso a medias manchado de carmín rojo,
abandonado a causa de la pasión irrefrenable,
del ansia de ardor,
y en soledad.

Mañana siempre será un gran día,
pienso mientras mancho mis dedos,
oscuridad que frota mis párpados cansados,
mañana será un gran día.

Se me agota la nicotina y la energía,
las cenizas revuelven mis medias tintas,
agrietando los recuerdos que vuelven entre el estruendo de petardos,
mi padre y yo, 
mi hermana naciendo, 
mi vida, minúscula...

Se atisba el sonido, en la distancia,
de las gotas estrellándose con firmeza,
volviendo este momento aun más mágico... 


Disease.


Hay quienes lo llaman "Amor"
yo prefiero denominarlo trastorno obsesivo-compulsivo.

Es simplemente un extenso resumen en letras que nunca,
nunca serán suficientes,
de 5 años de mi vida,
y de todos mis oscuros, profundos y más temidos deseos y miedos.

Es todo sobre él, o sobre lo que él hizo en mí.

Creó un monstruo,
un monstruo sobreprotector  que siempre,
siempre le tiene en la cabeza.

 No importa el dolor, la decepción o los fallos,
siempre ese odio seguirá dentro de mí.

La extraña sensación de saber que durante un periodo,
ahora aparentemente efímero,
fuimos aquello que nunca volví a encontrar,
¿sabes?
es extraño,
tan extraño como él mismo,

como sus miedos, inseguridades,
su falta de cojones y sus ojos aguamarina,
sus putos ojos aguamarina,
vidriosos,
jodidamente difíciles de descifrar.

Él es todo aquello que siempre ame y...
una vez tuve,
nos tuvimos, quiero decir,
nos compartimos.

Fue como una explosión, 
y siento como el eco retumba dentro de mi cuerpo.

Odio saber que no hay opción,
saber que siempre estará ahí, 
haga lo que haga.

Intentaré ser fuerte, 
forzaré la realidad para hacerme aprender,
me quemaré las retinas,
pero, creo con certeza que no lo haré.

Eso es el amor,
¿no?
o lo que yo suelo denominar trastorno obsesivo-compulsivo.

¿Sabes? 
No lo necesito,
ni siquiera me gusta,
pero es extraño tener dentro a otra persona,
a sabiendas de que sólo gustaría de un intercambio de palabras,
unas pocas mentiras más, con su cabeza agachada,
y su sonrisa estúpida.

Y sí, se que no merece mi esfuerzo,
ni mis lágrimas,
y hace mucho que no lloro...

Pero... ¿Y qué si vuelvo a hacerlo?
Esto trata de mí, ¿no?
Es mi vida y yo decido cómo gastarla.

Está absolutamente demostrado que no hay nada que pueda expulsarle de mi cabeza,
y sé que el no me piensa,
y que no soy nada,
pero para mí es un eterno nudo en el estómago,
que a veces, a determinadas horas,
días, o paseos,
se aprieta, y me retuerce entera.

Rompe mis medias partes un poco más.

Conozco mi lugar, y se que está entre las sombras,
es cuestión de asumirlo y practicarlo.

Y se hace duro, pues cuando creo salir victoriosa de la batalla,
la guerra en mi cabeza se complica y mi mente contraataca.

El pasado quedó muy atrás,
hoy acaba pronto,
el mañana acecha.

Esa canción en loop que se folla a mi inconsciente, consciente y subconsciente.





Rendición. 27/04/2014.

Esto va de cómo forzar la mente al blanco, 
sabiendo que siempre habrán mil cosas que decir que ni siquiera merecen ser escuchadas, 
pues jamás fueron, son, ni serán comprendidas.

La eterna ¿decepción?
Es extraño, puesto que ni la peor puñalada me sorprende…

Ahora escucho cosas que dijiste sobre mi y…
 Joder, ¿Cómo puedes ser tan hipócrita?

Sólo siento lástima, 
esto es una causa perdida, 
y créeme, forcé la fe, hice a la esperanza resurgir, y todo en vano.

Me cansé de preguntarme por qué, 
me cansé de no entender nada una y otra vez.
 Otra vez.

Supongo que esto no es un final, 
puesto que estamos escritos,
 y lamento aceptar que eres una causa perdida, 
pero es un hecho.


Siempre tuve y tendré tendencia a sobreprotegerte puesto que sé que eres débil, 
y hay algo que me conecta contigo y no se va,
que es tan o más cancerígeno que yo misma.

La verdad, ni siquiera yo me entiendo,
 supongo que es cuestión de orgullo, 
o tal vez estupidez congénita.

Intenté ser lo mejor para ti,
 aun sabiendo, como siempre,
 que era lo peor para mí.

 Te dejé dolerme,
clavarte profundo con palabras disfrazadas de hipotéticas verdades.

Intenté creerlas, lo prometo, 
y como siempre, 
has demostrado que no te importa nada.


Por eso no mereces estas letras,
 pero sabes cómo soy mejor que nadie, 
y fiel a mí misma, las escribo.

 Y aunque sé que no las mereces, 
te las regalo.


No tengas miedo, pues no va a ser costumbre, 
y ni mucho menos quiero hacer mención a mi orgullo, 
ese al que has escupido mirándole a los ojos (otra vez).

Ya no me dueles ¿sabes? 
Ya… no te quiero.


 No sé si alguna vez en los últimos tiempos llegué a hacerlo,
 pero créeme, ahora me quiero más a mi…
 algo que siempre quise inculcarte desde que nos conocemos, 
el amor propio.

Ahora estoy sentada en mi cama escribiendo estas letras,
planteándome si mandártelas, 
sabiendo que si lo hago, no las leerás siquiera.

Creí ser importante para ti,
 simplemente por todo lo que hemos vivido.
Lo he creído tantas veces… 
Sí, soy una ilusa, ¿qué vamos a hacerle?

Y pasarán los días sabiendo que no piensas en mí cuando una matrícula me sorprenda mientras camino, o cualquier minúsculo detalle me recuerde tu existencia.

 Pero ya no me dueles, ¿sabes? 

Simplemente serás aquella espina de la incomprensión clavada en mi pecho como una constante, 
algo que mi obsesiva mente inquieta nunca comprendió,
 otra de tantas marcas en mi piel que me acompañan en el camino. 
Otra vez y como siempre.


De verdad, te deseo suerte, 
aunque me cueste reconocerlo y sepa que no vas a tenerla.

Y me alegro de que las cosas vuelvan a su lugar, 
porque ni tú te mereces tenerme, ni yo sufrirte.

Recalco aquellas palabras: 
”No merezco nada tuyo, no quiero que me quieras, 
no quiero ni merezco poder hacerte daño. 
Sabes que te la acabaré liando tarde o temprano.”

Madurar implica aceptar y afrontar los cambios
, luchar las dificultades, y así lo hago, 
cuando el dolor me viene a visitar.


Esto no es más que un “parte amistoso post accidente”.
 Firmo y dejo a mi seguro encargarse del resto.
Siempre me quedará algo que decir, 
sabes que soy de esas personas que gusta de tener la última palabra.
 Ahora se las digo al papel, cosas que no gusta oir, 
pero que bien sabes que son ciertas.

Quiero creer que algo dentro de ti muere cuando mi nombre pasa por tu mente,
 y te prometo que no he derramado una sola lágrima desde hace semanas. 

Pero de verdad, intento autoconvencerme de que debe dolerte saber lo que me has hecho, 
consciente o inconscientemente.
 Y no, no te culpo por nada,
 somos humanos y todos cometemos errores. 

(Concretamente tú eres mi error universal).


Pero hace mucho tiempo que crecí y dejé de tener miedo,
 ni a mí, ni a ti, ni a la vida.

Me resulta imposible concluir este relato,
 para qué mentir, creo que es obvio.


Si hay algo que deseo es tu felicidad, 
que seas capaz de convertirte en una persona plena, madura y con coraje, 
 si algún día se cumple,
 verás en mí la sonrisa más pura que pueda dibujarse en mi rostro.


Mientras tanto, una vez más, 
bajo mis armas y dejo de librar guerras que no me corresponden, 
mi pequeño Peter Pan… 

Me encantaría poder abrazarte después de leer todo esto, 
antes de darme la vuelta y desaparecer, 
sabiendo ambos que fuiste tú, quien otra vez más, me dio la patada.

No creo que te importe, pero estoy bien, mi vida sigue su curso exactamente igual que siempre y nunca me faltarán motivos para levantarme de la cama, y aunque me falten, seguiré haciéndolo.



Acepto mi derrota.

Parpadeo. 27/06/2012.

Es curioso ver cómo la vida gira y gira y algo que escribí hace un año y diez meses exactamente, puede ser tan cercano y tan real.

Parpadeo, y de pronto, respondo.

Despierto entre la claridad que asoma por mi ventana,
Me descubro sudorosa y asustada,
De pronto, todo ha cambiado…

Es la misma habitación,
Estabas aquí, estabas a mi lado,
Hace justo un segundo,
Estaba soñando contigo…

No lo entiendo,
Olvídame, de nuevo,
Recuerdo punzante…

Me angustia,
No puedo seguir aquí,
Estas paredes duelen.

Ese sonido me ha despertado,
Aparecías en mis sueños,
Para despertarme, asustado,
Y acurrucarte en mis brazos.

El nudo crece,
De pronto, todo ha cambiado…

Quiero vomitar todo el dolor de mis entrañas,
Pero no sale,
Córtame, quémame, nada duele más.

Hoy sí,
Hoy eres tú, y pesas.
Noto tu fuerza sobre mis hombros,
Sobre mi estómago.

Quiero dormirme, y no despertar más,
No despertar más así.
Eres la peor de mis pesadillas…

¿Por qué?
¿Por qué has vuelto para acariciarme mientras duermo?
¿Por qué?

Quizás he sido yo,
Quizá no puedo dejarte ir,
Si siento que estás fuera,
Siento que ya no existes,
Ya no eres nada,
No eres nadie,
No te conozco,
No eres nada…

En vida has muerto,
Y en recuerdo resucitas,
A veces, cuando yazgo,
Y me apuñalas veinte veces,
A la espalda, al corazón y al aire,
Que corta mis pulmones,
Que asfixia…
(Siempre impar, siempre a medias)

Intento contenerlo para no respirar más tu esencia,
Que se encuentra en cada partícula de esta habitación…

Sigo siendo yo,
Tras ese dolor que cargo a mis espaldas,
Con todos los errores que eso conlleva,
Aceptados y cargados.

Si sé que no eres nada, ni nadie,
Que si te busco,
No podré encontrarte,
Porque ya no existes,
La porción de ti que yo incauto en mi memoria,
La porción de ti que era yo,
Todo aquello que me inquieta,
No volverá,
Está enterrado en tiempo y lágrimas,
Y no volverá…
¿Por qué sigo echándolo de menos?

No eres tú,
Es lo que eras cuando é­ramos uno…
Todo duele aquí y causa lágrimas,
Me siento sola  y perdida en este mar de angustias,
De lobos  y arañas,
Se alimentan de mi fuerza vital, y la consumen.
Hacen de mí su escudo,
Y los golpes me noquean,
Me aturden,
Me tumban.
1, 2, 3…
K.O.

Tu recuerdo es como el grito,
siempre vuelve,
Y conmigo morirá.

Quiero dejar de esconderme,
O voy a implosionar,
Y convertirme en polvo de estrella.
Si eso ocurre,
Espero que me esnifes,
Y desde tu nariz,
Tomar parte de todo tu cuerpo,
Hacerlo mío de nuevo,
Hacerte llegar al éxtasis,
Y que descubras,
Todo lo que has perdido,
Que descubras, en un segundo,
Todo lo que te cuento,
Y entonces, te darás cuenta,
De cuanto me has echado de menos,
Porque nada era más puro,
Sin cortar,
Que mi amor por tí.

Me enojo,
Me frustra no poder comprender,
No poder concebir,
Que quedaras tan atrás,
Que fueras incapaz, de comprender,
De aceptar,
De amar,
De compartir…
De mantener aquello que era puro,
Que era el eje,
Que lo era todo…
Y era nuestro,
Sólo nuestro…

Se hizo tan difícil…
Lo hicimos tan difícil…
Nos destrozamos.

Y ahora, otra vida después,
Ni me miras y dices, supéralo…

Será porque no puedes ponerte entre mis líneas,
No puedes sentarte, dejar tus piernas caer,
Y descansar mis palabras en tu cabeza,
No recuerdas,
Ya no recuerdas nada…

Pero se, con certeza,
Sé que te conozco,
que la esencia nunca se desvanece,
Sé que sigo ahí…

Recuérdame cuando el día torne claro,
Cuando la noche llegue a su fin,
Y ella descanse a tu lado,
Cuando el tiempo te lo permita,
Sólo te pido eso…

Recuérdame…

Los kilómetros entre nosotros nunca fueron menos físicos,
Y más obvios.

The nights forever young, it's us that gets `owl´.


Ayer me recordaste el cáncer.
La puñalada más puta de mi reflejo por la espalda.

Cómo sumar, multiplicar y a la vez dividir y restar 
hasta la máxima potencia.

Supongo que eso era lo que me gustaba de tí.
Esos extremos tan abismales...

Autoengaño y compasión mezclados con un odio increscente
y la constante decepción.

un fenómeno impresionante.

Aliñalo con excitantes de todo tipo hasta sorprender mis sentidos.

Vuélcame, párteme en particulas,
cortame,
espárceme y luego juntame de nuevo.

Jódeme la vida.

Jódome la vida.

Yo, yo, yo y nada más que yo.

Yo, soy Narciso y soy Elektra.

Soy un alma en pena en la constante de la puta;
vida loca.

Descubro los cambios como procesos precedidos por momentos
que suponen tal ruptura,
que Satán hace de padre.

Y con esto y más permiteme que brinde,
por la historia siempre escrita,
pues si tengo fe es el destino,
pilar y base de esperanzadora supervivencia.

Nada tiene sentido,
todo acaba,
y la brisa ayuda a respirar.

Son hechos.



"Yesterday's so far away,
 today is nearly gone;
 tomorrow's looming."
Son esos momentos de flaqueza,
los que evocan la nostalgia y el vacío,
que encharcan mis pupilas con tendencia curiosa,
y aportan al aspecto opaco de la soledad,
un carácter más brillante.

Las cadenas que me atan, 
confeccionadas a mi pulso, imagen y semejanza,
son sólo un reflejo de mi ausencia,
pues perdida me hallo en la penumbra,
de quien ansía una verdad nunca encontrada.

Instinto animal

A veces me pregunto a dónde va la fe que un día perdimos,
a dónde va el amor que ya no hacemos,
tal vez se pierda entre los restos corporales,
como los deshechos con los que despreciamos los fluidos,
esos que entregamos entre gemidos,
entre aplausos, los instintos animales.

¿Existe un principio o un final, o está todo en mi mente?
Vida y cambio, total constante
que maneja mis delirios.

Es extraño este vacío, 
que se anexa a mi cuerpo,
inundando las cavidades,
y no se aleja, no se aleja, no se aleja...

No tiene nombres ni apellidos,
son acordes,
acarician mis oídos y despeinan mi flequillo,
y a veces, sólo a veces,
me marean, me marean, me marean...

Los olores, los sabores, las texturas y las voces,
son diversas y retumban,
entre el vacío forman eco y se tatúan,
a segundos que se escapan,
fluyen como humo.

Y se evaporan...



Infinito.


De piedras y cicatrices se trata,
de promesas autofaltadas y ausencia de integridad,
de autocontrol,
autosuficiencia y superación.

El corazón sólo es un músculo y no decide, 
no hay opción a debate ni réplica. 

La esperanza es una zorra mal pagada y rencorosa,
y no hay nada peor que las expectativas sobre fallos.

Pues la gente no cambia,
y si no existe un Dios,
me permito la licencia de creer en un destino,
donde los errores van escritos
y en el que se narran las historias que a veces no contamos.

Es cuestión de prioridades, 
de pulso entre el orgullo y la fuerza de voluntad,
de la guerra dentro de una cabeza desamueblada, 
que se aferra a lo que cree posible cambio,
que no valora pros ni contras,
sólo estrella su frente contra el asfalto mientras ve saltar sus dientes,
hechos añicos, 
una vez más.

Y como todas las palabras que rebotan en oídos sordos,
se transforman en lírica y dan vida a mi depósito,
en nombre de estas me propongo el reto,
de aguantar y ser valiente,
pues tormentas y mareas no son fieles,
pero una debe serlo,
a sí misma y sus caídas,
y a sus pies heridos al levantarse.

De piedras y cicatrices se trata...
una más y hasta la próxima.