Echo de menos escribir, a veces.
Escribir como quien respira.
Como quien camina por un largo paraje sin fin sin saber siquiera que no lo tiene.
Como quien cree en las oportunidades.
Como quien tiene un Dios y confía a él su alma.
Como quien ama y es correspondido.
Como quien confía en que la mañana le devolverá la fe.
Como quien nunca tiene frío.

Echo de menos creer,
creer con la certeza del ciego,
echo de menos tener miedo.
Echo de menos pensar en el infinito,
los cantos de sirenas al oído.
Echo de menos soñar,
soñar contigo.

Soñar que respiro y que camino,
por un largo paraje y no saber que tiene fin.
Echo de menos la fe,
creer que existan oportunidades conmigo.

Echo de menos bailar,
mientras luces me ciegan y la sala está vacia.
Desnuda, con los ojos cerrados.

¿Estarás sentado, observando y creyendo que es para tí?

Perdóname si hace eones que perdí la fe y ya no dudo,
al menos no tanto.
Perdóname si me levanto de la cama y no vuelvo a mirar atrás.
Perdóname si antes te doy mi paz, mi gloria, truenos huracanes y caladas.
Perdóname si lloro, grito o miento y digo que no siento.
Perdóname si peco y te corono, 
si te miro y suspiro, si me sonrojo.
Perdóname por caer, por creerte.
Por ser otra victima.

Por no ser lo que decían. 
Por serlo y aprender cada día.

Perdóname si me confío, si soy humana y me equivoco contigo.
Y no te equivoques, pues el perdóname va para conmigo.
Me pido perdón por el dolor,
por ser mi manta si no estás ahí para darme abrigo.
Perdón por haber crecido.

Echo de menos escribir,
y por eso escribo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada