Las cuentas pendientes se saldan,
y poco a poco, la vida toma otro cauce,
pues en su constante cambio, 
a veces sorprende positivamente.

Pero el vacío sigue siendo notable,
y con la boca bien abierta y la lengua afilada,
soy fiel a mi carácter y escasa sensatez a veces,
soltando verdades como puños,
como incógnitos puñales.

Todo es como debe ser,
después de años de odio y oscuridad,
pero en el silencio de la soledad,
sigo sintiendo un vacío que dudo poder llenar.

Y se bien que es mi fallo,
pues no debería existir vacío
 hablando conmigo misma,
pero siento la esperanza perdida,
y no veo la luz en ninguna de las miradas que son devueltas.

Hay maneras y momentos de cerrar capítulos de una vida loca,
de sonreir y pensar que todo han sido cosas de críos,
que las personas crecen y ahora somos distintos,
de darnos la mano, fumar el peta de la paz,
darnos la vuelta y continuar,
después de una mirada a los ojos,
cargada de un respeto tantos años increíblemente inexistente.

Si ya no tengo a quien odiar,
 tal vez pueda volver a amar a alguien.
Y amarme a mi misma.

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